17/3/10

2.

Cuando llegó Pedro, Cristina ya se había ido. La casa estaba vacía de ella y repleta de tonterías y vanalidades. La ropa desperdigada, los muebles fuera de sitio y la maleta de leopardo no estaba en el armario. Así fue como él supo que ella no volvería. No, porque ya no era su casa, ya no eran ellos. No como antes. Pedro se tumbó en la cama, aspiró el aroma a fresas de Cristina y rompió a llorar, abrazándose los hombros, pegándose con fuerza los retazos de recuerdos a su corazón semidesintegrado. Mientras, Daniela miraba a Cristina, dormida en su sofá, con restos de lágrimas y desesperación, haciendo tiempo antes de cogerse el vuelo a Viena. Entre sueños, susurró "No será igual sin ti..." y Daniela, pensando en Pedro, se quiso morir.

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